El día que me olvidé de respirar
Me desperté de golpe. Los pulmones no funcionaban. El aire estaba ahí, pero mi cuerpo no sabía qué hacer con él.
@gabrielapp98
1/27/20261 min read


Mucho miedo. Muchísimo.
Cuando por fin logré meter una bocanada de aire, hice lo que mejor se nos da a los seres humanos: mentirme. Me dije que no había pasado nada. Que sería la última vez.
No lo fue.
Se repitió tantas veces que terminé por normalizarlo. "Ah, otra vez no puedo respirar, qué cosas".
Luego le puse nombre: ataques de pánico. Y mucho después entendí el porqué: llegaban cuando estaba en la cumbre de mis errores. Porque sí, he cometido muchos. Y de los grandes.
El error de no querer cometer errores
Hubo una época en la que me puse mística. Quería ser la salvadora que ayudara a los demás a no equivocarse como yo.
Qué estupidez.
Me di cuenta de que el verdadero error es pensar que la solución es evitarlos. No.
Comete mil errores lo más rápido posible. Equivócate hoy, mañana y el lunes por la mañana.
Pero hazlo con una condición: para, piensa por qué lo hiciste y descubre cómo avanzar. Si no me hubiera pegado esos golpes contra el muro, hoy no tendría nada que contarte. Ni este post, ni mi experiencia, ni nada que valga la pena.
Las cicatrices son las que te dan la autoridad para hablar. El resto es ruido.
Si estás empezando y sientes que te falta el aire (literal o metafóricamente) con tu proyecto, puedo echarte una mano en dos frentes:
Tu presencia digital: Si eres autónomo o tienes un negocio pequeño y necesitas que tu diseño web, tu marca o tus vídeos dejen de ser un desastre y empiecen a comunicar de verdad, escríbeme.
Pickleball desde cero: Si quieres dejar de pensar tanto y empezar a moverte, vente a pista conmigo. Te enseño los primeros golpes y la base de este deporte sin complicaciones.
Escríbeme un mensaje directo y hablamos.
